
En los últimos años han ido adquiriendo importancia creciente en América Latina, en general, y en Colombia, en particular, diferentes tipos de procesos que invitan al ciudadano común a participar en la solución de los problemas que lo afectan, así como a involucrarse de manera activa en la construcción de un modelo de sociedad diseñado a la medida de sus aspiraciones, necesidades y deseos.
Actualmente se vienen propiciando las condiciones para generar cambios en la concepción del significado de la convivencia ciudadana, donde la recuperación de valores intrínsecos a la relación humana (el compromiso, la responsabilidad y el valor de la palabra), le dan sentido a la búsqueda de canales alternos tanto para la administración de la justicia como para replantear los paradigmas utilizados, con el fin de enfrentar y administrar las diferencias, los desacuerdos, las controversias y el conflicto cotidiano en general.
Es por eso, que se ha hecho familiar el tema de la conciliación dentro del ámbito jurídico, laboral y comercial, en donde dicha figura se ha impuesto como la instancia que permite soluciones alternas a los conflictos, y que privilegia además prácticas casi olvidadas en la sociedad, como el diálogo, la concertación y la comunicación, cuyo resultado ideal es el de un acuerdo conciliatorio entre las partes, con el cual se logra descongestión judicial y arreglos amistosos. Sin embargo, es necesario adicionarle a esta solución de los problemas, una metodología igualmente pacífica y ágil, pero desde la perspectiva de la educación, orientada a otro sector de la población, como es el de la juventud.
Se trata de la CONCILIACIÓN ESCOLAR planteada como la alternativa en la solución de la problemática de los adolescentes, que partiendo del respeto por la diferencia, logre desarrollar en ellos, ciertas habilidades, que les permita convertir sus dificultades, necesidades y limitaciones, en un proyecto creativo y enriquecedor. En otras palabras, es buscar que la concertación se convierta en un hábito incorporado a su proceder diario. Este nuevo planteamiento, pretende entonces ubicar dentro del proceso de la cultura por la paz, prácticas que transformen comportamientos agresivos e intolerantes, de los jóvenes en otros más positivos, introspectarlos luego, hasta lograr que los mismos formen parte de sus respectivos repertorios conductuales y habilidades sociales, y sean llevados a la práctica en el desempeño de sus distintos roles familiares y sociales.
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